
La sesión de junio de Los Lunes del Instituto, titulada Ética y profesionalidad en las organizaciones, ha abordado el papel de la ética como uno de los pilares sobre los que se sustenta la confianza en las organizaciones, especialmente en un contexto de creciente complejidad regulatoria, tecnológica y social. Para ello, ha contado con la participación de Jesús Conill, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Valencia, quien ha reflexionado sobre los fundamentos éticos que deben guiar el ejercicio profesional y, en particular, la labor de la Auditoría Interna.
Durante su intervención, Conill ha advertido de la necesidad de recuperar el verdadero significado de la ética, un concepto que, según ha señalado, con frecuencia se confunde con la religión, el derecho, las costumbres o incluso con la propia tecnología. Frente a estas interpretaciones, ha defendido que la ética constituye un marco de reflexión autónomo que orienta la toma de decisiones más allá del cumplimiento normativo o de las prácticas socialmente aceptadas. En este sentido, ha subrayado la importancia de identificar qué concepción de la ética sustenta hoy el ejercicio de la Auditoría Interna y las exigencias que plantea a los profesionales.
La sesión también ha profundizado en la diferencia entre «cumplir las normas y actuar desde la convicción». En este sentido, el ponente ha subrayado que la ética exige adhesión, autonomía y autocontrol, elementos imprescindibles para que principios como la independencia, la objetividad o la confidencialidad trasciendan el plano formal y se conviertan en una verdadera forma de ejercer la profesión.
Durante la sesión también se ha abordado el papel de la deliberación como herramienta para afrontar situaciones complejas. Conill ha defendido que la actividad profesional no puede apoyarse únicamente en opiniones o automatismos, sino que requiere capacidad para argumentar, valorar alternativas y fundamentar las decisiones con criterios racionales.
Además, durante su intervención, el experto también ha alertado sobre el riesgo de atribuir a la tecnología una supuesta neutralidad ética, recordando que toda innovación incorpora valores e influye en la forma en que las organizaciones toman decisiones.
Finalmente, ha puesto el acento en la valentía profesional como condición necesaria para preservar la integridad, resistir las presiones del entorno y mantener la reputación de las organizaciones. Como ha señalado, «sin confianza no podemos convivir con calidad en las organizaciones y en la vida en general», una confianza que exige de los auditores internos «una especial valentía, una fuerza de autocontrol, de autonomía moral y de conciencia moral».
La sesión ha puesto de manifiesto que la Auditoría Interna no solo contribuye a verificar el cumplimiento y fortalecer el gobierno de las organizaciones, sino que constituye un servicio de primer nivel al interés público al promover una cultura ética basada en la responsabilidad, la independencia y el juicio profesional, elementos imprescindibles para generar confianza y aportar valor sostenible.
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