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La integración de la información no financiera en la información corporativa de las empresas (25/02/2019)

Durante la sesión de febrero de Los Lunes del Instituto de Auditores Internos, Helena Redondo, socia de Sostenibilidad de Deloitte, ha abordado uno de los temas que más preocupan a muchas compañías españolas: los cambios en la actual ley de información no financiera y sus implicaciones e impacto en las empresas.

La nueva ley coloca a España a la cabeza de los requisitos de exigencia de información no financiera, tanto en el alcance que tiene la ley, como en el tipo de información a proporcionar, por lo que, según Redondo, “en nuestro país estamos ahora mismo en cuanto a regulación en el punto más exigente que hay a nivel europeo y, probablemente, a nivel mundial”.

Las principales dificultades con las que se están encontrando las organizaciones a la hora de elaborar un reporte de información no financiera se encuentran en el modelo de responsabilidades –quién es responsable de qué-; definir hasta qué punto el control interno se aplica a cada uno de los reportes; y en fijar un modelo corporativo de reporte que afecte a toda la organización.

Estas dificultades se suman al plazo en el que las organizaciones deben publicar la información no financiera tras la publicación de la ley, lo que hace prever a Helena Redondo que puede darse una merma en la calidad de los informes. “Si a las dificultades comentadas, le añadimos el poco plazo desde que se ha publicado la nueva ley -en diciembre de 2018- hasta que las organizaciones tienen que publicar la información –tres meses después del cierre del año en diciembre- podemos tener la tormenta perfecta. Desde el punto de vista práctico, las compañías van a tener muy poco tiempo para preparar un informe con la calidad adecuada”, ha destacado.

La Socio de Sostenibilidad en Deloitte ha llamado también la atención sobre la materialidad, un aspecto clave en la preparación de un buen informe de gestión de información no financiera.

Las organizaciones han de entender qué es relevante en cada uno de los asuntos a tratar en el informe. Los riesgos y las oportunidades tienen que analizarse punto por punto y abordando el peso cualitativo. Es decir, una sanción a una compañía, por ejemplo, probablemente no sea un riesgo cuantitativamente importante para la organización, pero sí puede serlo cualitativamente por la probabilidad de que cause graves perjuicios en la reputación de la compañía.

Según Redondo, la involucración del auditor interno puede ayudar desde varios ángulos a la hora de elaborar el informe de información no financiera para adecuarse al nuevo reglamento. Por un lado, como asesor que conoce la compañía y entiende cómo funciona, tiene mucho que decir en la fase previa y crucial en la que se fija la materialización de los riesgos, es decir, la probabilidad de que el riesgo afecte a la empresa de forma importante.

Por otro lado, al comprender qué es relevante para la entidad el auditor interno puede ayudar a elegir los mejores estándares de reporting en cada caso. “Por último, indudablemente, el auditor interno tiene un papel innegable en la supervisión de que, efectivamente, el reporting se hace de la forma adecuada por las personas que deben hacerlo”.

La ponente destacó como conclusión que las organizaciones que deban adaptarse a la nueva ley deben replantear el modelo de información corporativa de la entidad, redefinir la información corporativa de las organizaciones –financiera y no financiera- y pensar en la empresa como un conjunto.

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